Tener trabajo en Venezuela ya no garantiza estabilidad ni bienestar económico

Tener trabajo en Venezuela dejó de ser hace mucho tiempo sinónimo de estabilidad o bienestar económico. La gran mayoría de los ocupados del país vive por debajo de la línea de pobreza.

por Noris Hernández

Economía.- En Venezuela, tener empleo dejó de ser sinónimo de estabilidad social ni económica. Hoy, para la mayoría de los trabajadores, el trabajo formal o informal apenas representa una lucha diaria por sobrevivir. La situación de los ingresos laborales, profundamente afectada por la crisis económica, ha convertido el salario en una cifra simbólica, desconectada del costo real de la vida.

El salario mínimo oficial permanece congelado desde marzo de 2022 en 130 bolívares, equivalentes a apenas 1,50 dólares mensuales. Mientras tanto, la canasta básica supera los 500 dólares, lo que significa que un trabajador necesitaría más de 300 veces el salario mínimo para cubrir sus necesidades básicas.

Aunque el Gobierno ha implementado bonos como el “Bono de Guerra Económica”, que recientemente fue aumentado a 120 dólares para trabajadores activos, estos pagos no tienen carácter salarial ni están garantizados por ley. “Hablar de bonos no es justicia social: es maquillaje de miseria”, señala un editorial del medio La Gran Aldea.

Informalidad y precariedad

Según el informe de Polidata, la informalidad laboral en Venezuela alcanza niveles críticos. Más del 60% de los trabajadores no cuenta con contrato formal, seguro social ni acceso a pensiones. Esta situación agrava la vulnerabilidad de millones de venezolanos que, aunque trabajan, no tienen protección ni estabilidad.

La falta de planificación económica y la incertidumbre sobre el futuro han hecho que incluso los profesionales con estudios superiores vivan en condiciones precarias. “No hay margen para planificar. Vivimos al día, sin saber si mañana podremos pagar el pasaje o comprar comida”, comenta en una entrevista de prensa Yoniray Romero, investigadora de la UCAB.

 Impacto social y emocional

La pobreza laboral no solo afecta el bolsillo: también deteriora la salud mental. La frustración de trabajar sin recompensa, la ansiedad por no poder cubrir necesidades básicas y el desgaste emocional de vivir en constante incertidumbre están generando una crisis silenciosa en el tejido social venezolano.

Expertos coinciden en que la recuperación del poder adquisitivo requiere más que ajustes puntuales: se necesita una reforma estructural del modelo económico, políticas públicas que fortalezcan el empleo formal, y una reactivación del aparato productivo nacional.

Mientras tanto, millones de venezolanos siguen trabajando, no por bienestar, sino por necesidad. En un país donde el empleo ya no garantiza dignidad, la lucha por sobrevivir se ha convertido en el verdadero oficio nacional.

El Regional del Zulia

Fuente/ Banca y Negocios

Fotos/WEB

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