POR: DR. PEDRO DUARTE
Sí, efectivamente en un abrir y cerrar de ojos, como decimos en criollo “pasó volando el año 2.023”. Quizás sea una percepción muy particular pero creo que es uno de los que más rápido ha pasado en los últimos tiempos, parece que fue ayer cuando compartimos la mesa finalizando el año 2.022.
Algunos estarán reflexionando en lo que no lograron hacer o concretar, otros por su parte contentos por los objetivos alcanzados y presurosos por iniciar otro año que esperan les traiga mejores cosas. Otros enormemente agradecidos por las innumerables bendiciones recibidas. Pero estoy seguro que en muchos lugares del mundo, termina el año 2.023 cargado de dolor, de llantos que llegan al alma, de momentos difíciles, contradictorios que si bien como ya dije antes, unos contentos, otros lograron metas, otros pensando en lo que no concretaron, estos ni siquiera tienen tiempo de pensar, sus días pasan buscando cómo sobrevivir, seguramente la mayoría de sus pensamientos giran en torno a buscar una explicación lógica que les permita interpretar y medianamente entender tanta atrocidad, muerte, desolación, hambre, miseria, falta de agua, electricidad, alimentos y preguntándose el porqué de todo esto.
Independientemente del grupo en el que nos encontremos, damos gracias al Dios eterno por la salud física y espiritual, por haber compartido la mesa esperando el nacimiento del Niño-Dios sin la incertidumbre que genera el hecho de que en cualquier momento pueda caer una bomba o un misil de largo alcance, sin tener a nuestro alrededor desolación, sangre, Niños que son Ángeles, muertos en las calles, acribillados en sus casas, frente a su Padre y a su Madre, para después de hacerlos sufrir, también terminar con la vida de estos. Así mismo se lee en los portales internacionales “Un Niño Jesús en ruinas, es el nacimiento de Navidad en una Iglesia de Belén, no es un pesebre, sino entre ruinas”. En otros portales se leen noticias como “En la histórica Belén suspenden las celebraciones de Navidad”.
No, nuestros Niños y Niñas por el contrario gozan gracias a Dios de la alegría y la magia propia de esa edad, rodeados del calor familiar, así mismo del tradicional juguete navideño, desde el más sencillo hasta el más costoso, de estrenarlos en una plaza, abrazados con sus hermanos, de sus amigos, es decir disfrutando al máximo la alegría de vivir, con Padres y Madres que más alegres que ellos llenan su corazón y su alma con la satisfacción que les produce sentirse plenos como Familia.
Nuestra realidad no nos puede llevar a ser insensibles y cada vez que llevo un pedazo de pan a mi boca ojala recuerde a aquellos que por la avaricia de otros, la insensibilidad y la miseria humana llevada a su máxima expresión, no gozan ni de un caramelo para disfrutar.
Todo esto ocurre en el mundo ante la mirada indolente y a veces creo que impotente de Organismos internacionales que nacieron para contribuir a la paz mundial, buscar un mínimo de igualdad en la distribución de las riquezas, frente a las Potencias que se niegan a acatar lo acordado en estas instituciones, creyéndose los reyes y dueños del mundo, pues para estos es necesario un mundo en guerra que les garantice el continuo crecimiento de sus riquezas sin importar para nada el costo humano que esto signifique.
Hoy en otro lado del mundo se dan acontecimientos terribles como la guerra entre Israel y Palestina por la Franja de Gaza, miles de muertos donde un alto porcentaje es de Niños y Niñas. Guerra entre Rusia y Ucrania, próxima a cumplir dos años. Al mismo tiempo conflictos armados a gran escala en Burkina Faso, Somalia, Sudan, Yemen, Myanmar, Nigeria, Siria, Irán, Etiopía, República Democrática del Congo y los grandes lagos, el Sahael, Haití, Armenia and Azerbijan. Todo esto generalmente por el control político de territorios, su población, sus recursos naturales, e incluso muchas veces por el choque de diferencias ideológicas y religiosas. En casos extremos, estas guerras persiguen la destrucción total del enemigo, sin importar nada. En la actualidad se estima que cada año permanecen abiertos más de 30 conflictos en el mundo. Razón tiene el Papa Francisco cuando en una entrevista en el marco del Décimo aniversario de su pontificado manifestó que después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo no ha dejado de estar en guerra. Por eso considero que guerra es guerra, por lo que nadie gana ante esta atrocidad y debemos evitarla a como dé lugar.
No podemos ni debemos ser indiferentes ante estos sucesos trágicos que suceden a nivel mundial, escudándonos en la distancia y mucho menos manifestar el dar gracias a Dios porque esto ocurre en tal o cual País muy lejos de nuestras fronteras, creo es una actitud egoísta y mezquina que habla mucho de aquella persona que lo manifieste, puesto que estamos llamados a la solidaridad día a día, incluso en oportunidades la necesidad también está muy cerca de los espacios donde hacemos vida diariamente. Decía Santa Teresa que Dios no se muda, está todo el tiempo con nosotros y estará también en el futuro.
Entremos al nuevo año con una profunda carga de sensibilidad, entendiendo que no podemos seguir aquello que dijo el filósofo ingles Thomas Hobbes “El Hombre es un lobo para el Hombre”, que aun cuando no viva esas terribles realidades que acontecen a nivel mundial, me tienen que doler como si la viviera y como mínimo me debe llevar a redimensionar la escala de valores aunado a una oración y trabajo permanente por la paz. Desde la humildad del pesebre pedimos al Niño Jesús nuestro Redentor de quien no dudo siempre está a nuestro lado, nos dé la sabiduría, fortaleza, humildad y asertividad para seguir trabajando por la paz.
“Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor”
Antoine de Sain t-Exupéry
El Principito
Dr. Pedro Duarte
Abogado
–