Economía.- Venezuela es reconocida mundialmente por sus vastos recursos naturales, especialmente por sus reservas petroleras. Sin embargo, más allá del subsuelo, el país posee un potencial agropecuario que podría convertirse en motor de desarrollo económico y social.
Con más de 35 millones de hectáreas aptas para la producción de carne y leche, según estimaciones gremiales, la nación cuenta con condiciones climáticas y geográficas únicas que podrían impulsar un renacer ganadero si se articula una política de Estado entre el sector público y privado.

El diagnóstico actual
José Labrador, vicepresidente de la Federación Nacional de Ganaderos de Venezuela (Fedenaga) y presidente de la Federación de Ganaderos y Agricultores del estado Barinas (Fegabarinas), asegura a un medio larense, que actualmente existen alrededor de 10 millones de bovinos en el país. Esta cifra, aunque significativa, refleja un subaprovechamiento de la capacidad instalada: apenas 0,2 animales por hectárea.
“Tenemos la capacidad para que sea un animal por hectárea, o muchos más, si se logra una ganadería que no dañe el ambiente”, enfatizó Labrador, quien también preside la Fundación Venezolana de Servicios de Salud Animal (Funvessa).
Los estudios económicos realizados por el gremio apuntan a que Venezuela podría sostener hasta 40 millones de bovinos, con producción continua los 365 días del año, gracias a la diversidad de climas y la extensión de sus llanuras.

Condiciones geográficas y climáticas
El país cuenta con una combinación de factores que lo hacen privilegiado para la ganadería:
Extensión territorial: 35 millones de hectáreas disponibles para pastoreo y producción.
Clima variado: regiones con lluvias regulares y temperaturas estables que favorecen la cría de ganado.
Diversidad de suelos: desde sabanas hasta tierras fértiles en los llanos y zonas andinas, aptas para distintos modelos productivos.
Potencial de sostenibilidad: posibilidad de implementar sistemas de ganadería intensiva y semi-intensiva sin comprometer el equilibrio ambiental.
Asimismo, Labrador indicó que el sector trabaja en lograr desarrollar un ganado adaptado a las condiciones climáticas de Venezuela que les permita producir más carne y leche a menor costo.

El reto de la política de Estado
El principal desafío no radica en las condiciones naturales, sino en la ausencia de una política integral que articule esfuerzos entre el Estado y el sector privado. La falta de estadísticas oficiales, la inseguridad rural, la escasez de financiamiento y la limitada infraestructura son obstáculos que frenan el crecimiento.
Labrador plantea que parte de la renta petrolera debería destinarse al desarrollo ganadero. Venezuela posee 303,2 mil millones de barriles de reservas probadas de petróleo, equivalentes al 19,4% del total global, según cifras de la OPEP. Una inversión estratégica de esos recursos podría diversificar la economía y reducir la dependencia del crudo.
También hay que trabajar en un censo que les permita saber cuántos animales hay en el país; además lograr que del 95 al 100% de los animales sean vacunados contra la fiebre aftosa, para lograr alcanzar el estatus de País Libre de Fiebre Aftosa con Vacunación, otorgado por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA). Esto le permitiría a los productores de Venezuela comercializar carne beneficiada en los mercados internacionales.

Perspectivas y oportunidades
El desarrollo ganadero no solo significaría un aumento en la producción de carne y leche, sino también:
Generación de empleo rural y fortalecimiento de comunidades campesinas.
Soberanía alimentaria, reduciendo la necesidad de importaciones.
Exportaciones potenciales, aprovechando la ubicación estratégica del país en América Latina.
Innovación tecnológica, con prácticas de ganadería sostenible que protejan el ambiente.
Venezuela enfrenta una encrucijada histórica: seguir dependiendo de su renta petrolera o diversificar su economía apostando por sectores como la ganadería. Las condiciones climáticas y geográficas están dadas, el terreno existe y el potencial es evidente. Lo que falta es voluntad política y un pacto nacional que permita transformar esa riqueza natural en bienestar social y desarrollo económico sostenible.