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Brazada tras brazada Paola Pérez va dejando atrás la línea de partida. Segundos antes se encontraba alineada junto a otras 24 rivales en la plataforma de salida de la prueba de natación en la disciplina de 10 kilómetros en aguas abiertas en la cálida Tokio. La tachirense se ubica entre las primeras diez durante los primeros minutos de competencia, pero poco a poco va cediendo puestos y sus compañeras la van dejando atrás.

La historia de esta venezolana tiene un matiz distinto al de los atletas que se esfuerzan por lograr sus marcas para asistir a la competencia más importante del mundo, pues ella tuvo que adicional además de su esfuerzo físico para entrenar, el esfuerzo social de tener que migrar a otro país para costear su preparación y poder registrar la marca que la clasificara a Tokio 2020. 

Seis años antes, Paola también dejó atrás competidoras, y se colgó la medalla de plata en la natación femenina de aguas abiertas en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015. En 2019, durante los panamericanos de Perú no tuvo la indumentaria adecuada para nadar en aguas frías y le dio hipotermia. No sentía los brazos. El Comité Olímpico Venezolano no fue capaz de brindarle el apoyo necesario durante su preparación, ni siquiera un traje especial que le permitiera mantener la temperatura corporal ideal para no sufrir en las aguas peruanas.

Por eso, Paola de 30 años de edad, también dejó atrás la preparación en Venezuela y decidió emigrar a Chile. En el país austral buscaba patrocinadores y tener una mejor preparación de cara a los venideros Juegos Olímpicos. Estando lejos del país por supuesto la ayuda del comité venezolano y del gobierno se hizo mucho más complicada.

Fue becada y empezó a dictar clases de natación en Santiago, la capital chilena, para poder cubrir sus gastos y un poco su entrenamiento. “No puedo optar por un trabajo con jornadas completas porque entonces tendría que dejar la beca. Estoy dejando muchas cosas de lado por mi preparación para que ahora salgan las cosas así. No es justo. Muchos atletas venezolanos sacrifican su futuro para estar en competencias internacionales porque tienen fe y sueños. Ya basta de que se burlen de nosotros”, expresó la nadadora citada por un diario chileno.

“Mucha gente se va del país por cuestiones económicas, yo en realidad me fui por una cuestión de piscinas. Ese es mi medio por el cual me muevo y eso fue en realidad lo que me obligó a salir, buscar una piscina donde pudiera entrenar dos veces al día”, explica la atleta a una plataforma digital de noticias (France24) queriendo justificar su salida de Venezuela.

El camino para cualquier atleta de cara a las olimpíadas siempre es complicado, pero la travesía se vuelve más dura cuando debes abandonar tu país y entrenar afuera con muy poco soporte. Luego de estar entre las nadadoras de aguas abiertas más destacadas del continente y el mundo, Paola se encontraba frustrada porque el puesto a Japón se le alejaba. Incluso pensó en el suicidio. La depresión apareció en su vida. “No quería seguir, hoy me siento feliz de haber superado esos momentos tormentosos… las personas que estuvieron conmigo saben lo difícil que fue para mí y el cambio que hice”, expresó en su momento Paola.

Ella sacó fuerzas apoyada por su familia, especialmente por su padre, quien fue su entrenador. Motivada por familiares y seguidores, Paola protagonizó una campaña en la plataforma GoFundMe, una aplicación que permite reunir recursos de donantes para diversas causas. Ese dinero Paola lo orientó a su preparación y su clasificación a Tokio 2020.

Entonces las olimpiadas ya no estaban tan lejos. Logró la clasificación y pudo, a pesar de todo, finalizar en el puesto 20 de su competencia de 10 kilómetros en las aguas de la capital japonesa. Brazada tras brazada Paola nos muestra que, pese a las dificultades, pese a lo lejos que se esté del objetivo, siempre es posible dar una bocanada de impulso y alcanzarlo todo…así sea fuera de tus aguas. 

Tras su participación todas las miradas estaban puestas sobre Paola, pues era una atleta de titulares, y no precisamente por sus marcas, sino por sus dificultades deportivas y personales para lograr una buena participación olímpica, ya que primero casi moría por competir sin un traje neopreno, la depresión casi la lleva al suicidio, es desasistida por las autoridades olímpicas venezolanas y tiene que trasformar su casa en Chile en un pequeño lugar para entrenar.

“Estas son las palabras más difíciles para mí, estoy contenta con mi desempeño porque lo hice sin una preparación de nivel olímpico, y eso influye en el resultado. Fue lo mejor que pude hacer”, dijo la atleta criolla, de aspecto humilde y apacible, tras su participación en Tokio.

Paola Pérez es sin duda alguna un claro ejemplo de perseverancia, de coraje para sobrevivir a la adversidad, de reencontrarse con sus anhelos para alcanzar lo que quiere: ser una de las primeras nadadoras de aguas abiertas del mundo.

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