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Una fotografía dando la vuelta al mundo a través de las plataformas digitales, dejando ver el rostro de desesperación de un pueblo por huir de una Patria que ya no les brinda el bienestar de otrora: eso significó la escena de un joven venezolano con una anciana en brazos, casi desfallecida, atravesando el río Bravo en la frontera entre México y Estados Unidos.

Los protagonistas de esta historia que recorre el mundo desde el pasado 26 de mayo: César Andrés Padrón Rincón, un joven deportista de 24 años y la abuela Irma Guillén de 72. Ambos oriundos de Maracaibo, capital del Zulia, estado occidental de Venezuela.


No es algo para enorgullecer a los venezolanos, pero la dramática imagen captada por el lente de Go Nakamura, fotógrafo de la agencia de noticias Reuters, es la tercera que en estos últimos tiempos despierta la conciencia del mundo, y se disemina en las redes sociales como pólvora, dejando al descubierto que cuando se trata de huir del régimen bolivariano, nadie se toca el corazón para darse la mano y juntos buscar alcanzar la oportunidad de un mejor porvenir, a sabiendas de que durante su camino al futuro muchas cosas pueden pasar, entre las que se sortea hasta la muerte.

Aunque la imagen de los migrantes venezolanos, César e Irma, que hoy sirve de comparación para mostrar gráficamente la gravedad de la diáspora venezolana, aún estén navegando en las redes de la conciencia del mundo; al igual que sucediera con la del cadáver de un niño sirio flotando en las costas del mediterráneo (2015), y la de los cuerpos inertes de un padre hondureño con su pequeña hija atada a su cuerpo flotando en las orillas de ese mismo río Grande (2019); tanto la anciana como el joven lograron atravesar el imponente afluente, tocar tierra estadounidense, para dar rienda suelta a su sueño americano.

Detrás de la historia


La noble y temeraria acción del muchacho fue producto de la súplica de la anciana de que la ayudaran a cruzar al otro lado del esperanzador río, para tener la posibilidad de conocer a su nietecita…César, poseedor de un corpulento cuerpo formado con ayuda de sus actividades deportivas, que distribuye entre la práctica del béisbol y el entrenamiento personal; no lo dudó, levantó en brazos a la señora Irma, que vestía una camiseta rosa fucsia y pantalones grises de felpa, y a quien no conocía antes de iniciar la arriesgada travesía. Temeroso, pero confiado en el Poder Divino, con mucha decisión se adentró en las gélidas aguas para asirse de la tierra prometida. Exhausto llegó a la orilla contraria abriéndose paso entre un grupo de alrededor de 50 personas entre hombres, mujeres y niños. Entregó a los patrulleros a la anciana, y cayó de rodillas frente a las autoridades, quedando los dos migrantes agotados, al igual que el resto, en manos de los agentes migratorios estadounidenses. Esta escena es repetitiva. Unos se arrodillan, se abrazan y otros lloran tras tocar, lo que algunos llaman “tierra bendita”.

Según los reporteros que habitualmente se encuentran en el lugar de tránsito migratorio, la mujer tenía un aspecto bastante demacrado, no creen que pudiese atravesar el río sola. “Básicamente le salvó la vida”, dijeron.

La escena de la anciana cargada por el migrante zuliano, también se muestra en un vídeo subido a las redes sociales por Jorge Ventura, del medio Daily Caller, mostrando a la anciana delgada y con problemas de movilidad, siendo asistida por un agente migratorio al que le dice ser originaria de Maracaibo, capital del petrolero estado de Zulia, una entidad que ahora sufre los embates de una crisis política y económica que parece interminable.

La abuelita maracucha, Irma, cuatro días después de su odisea, llegaba al aeropuerto de Miami en silla de ruedas a encontrarse con su hija y su nieta, quienes la abrazaron y le entregaron un ramo de flores. El día más feliz de Irma. La información se dio a conocer a través de la cuenta Instagram del abogado de migración Héctor López.

Padrón, quien recuperó su libertad el pasado 17 de julio luego de pagar una fianza de 10.000 dólares al Servicio de Control de Inmigración y Aduana (ICE), monto recaudado a través de la plataforma humanitaria GoFundMe, contó a la periodista venezolana Carolina Pereira en un live de Instagram lo que lo motivó a ayudar a la anciana. “Veo a la señora casi que desvanecida, con un bastoncito, me le acerco y ella me dice: mijo necesito cruzar, necesito conocer a mi nieta, pero no puedo”. Le pregunté que si la podía ayudar y me dijo que sí. Lo primero que hice fue que solté los bolsos, y cargarla”, sostuvo.

Luego de 50 días en una prisión federal, ya libre, César cuenta que su ayuda a Irma fue cosa de Dios. “Creo que siempre fue Dios. Es algo que no lo pensé. Había muchas personas, la situación era desesperante”.

Este cruce fluvial en la frontera texana, que cientos de migrantes y refugiados lo navegan o lo cruzan a pie en sus puntos más bajos, con la esperanza de ser acogidos en territorio estadounidense y encontrar un futuro mejor; se ha convertido en un caudal de historias, aunque la hazaña de César es diferente, porque el peso de la anciana, tener que dejar sus pertenencias de lado para ayudarla, y lograr atravesar el río sin abandonarla, es un acto de heroísmo, el cual César no notó hasta cinco días después de estar asignado a un refugio para migrantes.

La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), habla de alrededor de 5,5 millones de venezolanos que abandonan su país agobiados por los niveles inflacionarios y la falta de garantías sociales por parte del régimen de Nicolás Maduro, por lo que estas imágenes son vistas a diario no solo en la frontera texana, atravesando el río Bravo, sino en los pasos fronterizos hacia Colombia, Brasil y hasta hacia las islas del caribe a través de los estados costeros Sucre y Falcón. Son muchos los que han salido a través de trochas por tierra hacia Colombia, los caminantes que han cruzado los Andes hacia Ecuador, Chile o Perú, o los que han puesto rumbo a Brasil por la selva amazónica.


El protagonismo bueno o malo es beneficioso. Aquí están César e Irma, el primero jugando para el equipo de beisbol de playa de Miami, además entrenando para equipos de béisbol de ligas menores en Florida, y la segunda abrazando todos los días a su nieta.

El padre de joven del mismo nombre lo dijo a través de las redes sociales: “Estamos superorgullosos de él”, y no es para menos, César se convirtió, no en un héroe americano, sino en uno venezolano.

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