OPINIÓN

LA SUSTANCIA Y EL ACCIDENTE

POR: DR. PEDRO DUARTE

Santo Tomás de Aquino, nacido en la Italia del siglo XIII, Presbítero, Fraile, Teólogo, Filósofo y Jurista Católico, es considerado uno de los pensadores y filósofos más prolíferos e influyentes del Cristianismo, cuyas obras llenas de erudición son impresionantes a lo largo de la historia, resaltando el hecho de que este Fraile dedicara gran parte de su vida intentando demostrar la existencia de Dios en todos sus escritos y tratados filosóficos, de manera especial en su monumental obra “Summa Theologiae” (Suma Teológica), la más famosa de la teología medieval.

A propósito de este gran filósofo y teólogo, en esta reflexión apretada por razones obvias, quiero referirme a dos elementos que son profundizados por este y nos ayudan a comprender mejor muchas circunstancias y aspectos de la vida así como el valor del ser humano, una vez que los estudiamos, por lo menos así ha sido mi caso. Me refiero a lo que Tomas de Aquino denominaba la sustancia y el accidente.

Estos dos aspectos corresponden a un  concepto esgrimido en el marco de la metafísica de Tomas de Aquino, quien desarrolló esta distinción en el contexto de su filosofía escolástica (escuelas medievales o quienes estudiaban en ellas), buscando explicar la naturaleza de los seres y sus propiedades. Este concepto sirve para entender como Tomas de Aquino aborda cuestiones ontológicas (reflexiones sobre los modos esenciales de existencia de las cosas)  y teológicas (todo aquello que esté relacionado a los conocimientos divinos o de Dios), especialmente en relación con la esencia de los seres y la realidad de sus atributos.

Para graficar este concepto de una manera más didáctica, utilicemos dos ejemplos, Primero: Tomemos el caso de una estatua de mármol, la sustancia de la misma es el mármol, una combinación de su material y la forma que la define como estatua, mientras que los accidentes estarían constituidos por la forma específica, el color del mármol y cualquier daño o desgaste que pueda sufrir con el tiempo; en caso de que la estatua se rompa, la sustancia, es decir el mármol permanece aunque su forma (uno de sus accidentes) haya cambiado.

Otro ejemplo lo podemos trasladar al caso de una persona que puede cambiar de vestimenta, que significaría un cambio de accidente (la ropa), pero sigue siendo la misma persona en su sustancia, su esencia como ser humano no se ve afectada por los cambios en su apariencia externa. La sustancia se refiere a aquello que existe en sí mismo y no en otro, es una realidad subyacente, es decir oculta, que tiene la capacidad de existir por si sola.

Tomás de Aquino considera que la sustancia constituye el núcleo esencial de un Ser, es lo que lo hace ser lo que es, es aquello que tiene un ser propio y no depende de otro ser para su existencia. Que otro ejemplo podría ilustrar el concepto de sustancia, el Ser Humano, donde la sustancia de este es su esencia compuesta por su alma y cuerpo que le permite existir de manera independiente, otro ejemplo es un árbol, cuya sustancia está en el hecho de su naturaleza, de ser una planta que crece, se nutre y se reproduce.

Los accidentes  de acuerdo a Tomás de Aquino son atributos que no pueden existir por sí mismos, sino que dependen de una sustancia para su existencia, es decir son los estados, cualidades o propiedades que pertenecen a una sustancia y la modifican de alguna manera, sin alterar su esencia fundamental, que existen en tanto y en cuanto está la sustancia y no pueden existir fuera de ella. Como ejemplo  podemos mencionar el color de una manzana, su tamaño y su sabor; estos atributos no existen independientemente de la manzana pues aun cuando la manzana cambie de color al madurar sigue siendo la misma manzana ya que su sustancia no ha cambiado.

Este gran filósofo y teólogo nos deja como parte de su legado la idea del Hombre como compuesto de alma y cuerpo, afirmando además que el alma no era la mera forma del cuerpo sino que además le daba su ser y la individualidad.

“Los seres dotados de inteligencia desean existir siempre y un deseo natural no puede existir en vano”  

Santo Tomás de Aquino

Dr. Pedro Duarte

Abogado

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